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Lluvia ácida en Tlalpan dificulta cosechar agua.

Así es difícil “cosechar agua”, pues los sistemas que se instalan en los pueblos originarios tienen filtros que no tienen capacidad para eliminar el óxido de azufre. 

Restos de azufre en los charcos de agua.

Restos de azufre en los charcos de agua.

Planeta Tlalpan / Redacción / 20 de Abril de 2016

Después de la lluvia, en los encharcamientos formados en diversas zonas de Tlalpan se pudo observar una nata amarilla que algunos dicen se trata de polen, aunque su consistencia grasosa y fuerte olor son muy sospechosos.

Estudios recientes realizados en la CDMX, demuestran que el PH8 de toda el agua de lluvia es menor que 5.5 (valor menor al de una atmósfera limpia), de ahí que debido a la contaminación, en lugar de agua, sobre nuestra ciudad “llueve ácido”.

Así es difícil “cosechar agua”, pues los sistemas que se instalan en los pueblos originarios tienen filtros que no tienen capacidad para eliminar el óxido de azufre.

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Cabe recordar que apenas alrededor de 30% de las industrias instaladas en el valle de México, cuentan con un equipo anticontaminante y en muchas ocasiones éste es insuficiente e inoperante. los óxidos de nitrógeno y azufre se desprenden en forma indiscriminada en las industrias ubicadas en las en la periferia.

El 94% de la producción pecuaria del D.F. se realiza en zonas densamente pobladas, lo que convierte a la ciudad en un enorme establo. Alrededor de tres millones de capitalinos practican el fecalismo al aire libre; según el Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, estos desechos producen la proliferación de 50 a 120 colonias patógenas por metro cúbico de aire. 

azufre 2En la vía pública se depositan diariamente 2 500 toneladas de basura y otras 7 500 se llevan a basureros a cielo abierto, verdaderos criaderos de ratas y focos de infección (La Secretaría de Salud afirma que hay 78 millones de ratas en el área urbana de la ciudad de México, o sea 4 por cada capitalino). Estas llenan de particulas la atmósfera e inundan los pulmones de los habitantes.

Al respirar, muchas partículas suspendidas entran por nuestros orificios nasales. Sin embargo, podemos sobrevivir gracias a un eficaz mecanismo eliminador en nuestro sistema respiratorio. La mayor porción de las partículas es detenida antes de llegar a los alveolos. No obstante, las que tienen diámetros menores que 5 mm pueden llegar hasta el espacio alveolar y depositarse. Allí existen células “limpiadoras” que se mueven para englobar el polvo extraño y transportarlo hasta los ganglios linfáticos. La partícula puede disolverse en los líquidos celulares y distribuirse por el organismo, pero si no es soluble permanece en el pulmón o en el sistema linfático, produce inflamaciones y, cuando se acumulan, llegan a provocar dificultades respiratorias y cardiacas. 

En especial, las partículas que contienen sílice o metales son las más peligrosas.



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