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El Pedregal: mar de lava y refugio de flora y fauna

Los derrames volcánicos, ocurridos en tiempos históricos y prehistóricos, constituyen un sello destacado de la naturaleza mexicana. Reciben el nombre de malpaíses o pedregales, en alusión a que no ha habido tiempo suficiente para el desarrollo de suelo que revista el irregular afloramiento rocoso.

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Pedregal de lava en el trébol de Insurgentes Sur y Periférico. Foto: AZT

Planeta Tlalpan / marzo 2016

El pedregal de la CDMX, conocido mejor como Pedregal de San Ángel, fue originado por el volcán Xitle, cuya erupción tuvo lugar hace alrededor de 2,000 años.La lava de este último escurrió desde el pie del cerro de Ajusco hasta las inmediaciones de Tlalpan, Huipulco, Coyoacán y San Ángel, poblaciones ubicadas en el fondo de la cuenca, cubriendo una superficie total de unos 80 km2.

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Pirámide de Cuicuilco. Foto :AZT

En aquel entonces habitaban la zona los cuicuilcas, un pueblo pacífico y trabajador que cultivó las ciencias y las artes, y que años más tarde participaría en la construcción del imperio teotihuacano. Cuando la erupción tuvo lugar se vieron obligados a migrar hacia el norte, dejando como mudo testigo la pirámide circular de Cuicuilco, que aún hoy sobresale entre las rocas. Con el paso del tiempo las cenizas se disiparon y la lava se enfrió, quedando solo un extraño y desolado paisaje de caprichosas formas. Los pedregales son lugares en los que se concentra la diversidad biótica de manera inusitada, merced a la gran cantidad de microambientes que ofrecen las irregularidades de la superficie rocosa, sus grietas, oquedades y riscos.

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Espacio Escultórico

 

La Universidad Nacional Autónoma de México, que a mediados del siglo XX adquirió los terrenos sobre los que hoy se asienta su Ciudad Universitaria, permitió la conservación de un área relativamente grande del Pedregal hacia el sur y en 1983 ésta fue decretada “zona ecológica inafectable”, única con este carácter dentro del valle de México. Sin embargo, el crecimiento de la mancha urbana de la Ciudad de México no ha respetado este santuario y hoy la mayor parte de la corriente de lava está cubierta de casas, edificios y calles, con la consecuente desaparición de su flora y fauna nativas.

Fuente:
La flora del Pedregal de San Ángel. Ariel Rojo y Jorge Rodríguez



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