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Monumentos y edificios históricos: El mercado La Paz

Es el mercado más antiguo de su tipo en el Distrito Federal. Ubicado en el Centro Histórico de Tlalpan, está rodeado en tres de sus costados por una sola calle en forma de U: la calle Plaza de la Constitución. El costado norte colinda con el edificio de gobierno de la delegación.

 

Por Salvador Padilla

En la década de 1880 el mercado, rudimentario y provisional, se instalaba en el lugar donde actualmente está situado el definitivo. La colocación de los puestos estaba entonces rigurosamente reglamentada. Al norte y oriente podían ubicarse “las vendedoras de pasteles, dulces, legumbres, frutas y mercería y, fuera de techado, los puestos de semillas y papa. En la parte oeste (…) las vendedoras de carne de res y cerdo, fuera de techado, y bajo el techado (…) las vendedoras de legumbres. En la parte sur, bajo el techado, (…) las vendedoras de ropa y, fuera de él, (…) las vendedoras de comidas y demás mercancías no especificadas. Las de leña y carbón, fuera del mercado, frente a la casa llamada ‘La Aurora’ (Universidad Pontificia), sin interrumpir la circulación del público”.

Las autoridades cobraban, por derecho de piso, de cinco a veinticinco centavos por metro cuadrado en 1896, según el tipo de producto por vender. Este cobro era un ingreso importante para la Prefectura, de acuerdo con un documento de 1879. La Prefectura solicitó en ese año a la Secretaría de Gobierno la cantidad de $ 120.00 para la restauración del mercado, temerosa de que los comerciantes dejaran de ocurrir por temor a las cercanas lluvias. Con su ausencia, se explicaba, se perderían los ingresos derivados de los derechos por ejercer la actividad comercial.

Los inconvenientes anteriores, repetidos periódicamente, obligaron a la Prefectura a emprender la construcción de un mercado nuevo, edificado con la cooperación forzosa de la cabecera y los pueblos. A la cabeza del proyecto estaban el Sr. Ismael Zúñiga, prefecto de Tlalpan en esa época, y el juez Casimiro Castro.

Edificio-delegacional-3

Junto con la del mercado, se emprendió al mismo tiempo la construcción del edificio de gobierno. El terreno para ambas construcciones fue donado por don Felipe Aguerrevere, abuelo de la señora Tita Aguerrevere, vecina y originaria de Tlalpan. San Andrés Totoltepec aportó la cantera gris necesaria para las obras. Tlalpan proporcionó el ladrillo y la piedra volcánica para el piso. Los pueblos de Ajusco la madera. Los demás pueblos se hicieron cargo de la mano de obra. Cabe añadir que gran parte del trabajo fue realizado por los presos, quienes eran sacados de su reclusión para emprender las tareas. Ellos se hicieron cargo, entre otras cosas, de picar la piedra del piso. Los travesaños de los techos eran gruesas vigas que sostenían láminas acanaladas de hierro. Las obras se ejecutaron entre 1898 y 1900. El mercado fue inaugurado con toda solemnidad por el presidente Porfirio Díaz en el año 1900. Para la inauguración se acuñó una moneda conmemorativa con la efigie del gobernante.

Los planos originales preveían también la edificación posterior de departamentos, en la parte alta del mercado, destinados a albergar oficinas de la Prefectura y el Ayuntamiento. Para efectuar esta expansión el juez Casimiro Haro solicitó de los pueblos cooperación adicional. A Chimalcoyoc correspondió aportar “la cantidad de ciento cincuenta piedras de cantería”, petición a la que se opusieron sus habitantes “por ser muy pobres” para contraofrecer “un corto numerario … de veinte pesos” provocando con ello el enojo del juez. Una oportuna petición del Dr. Raúl Lavista y el Sr. Romualdo Pasquel forzó la revisión del proyecto y la suspensión de la construcción de tales departamentos en 1898.

Mercado La Paz. Nave interior. Foto: AZT

El mercado quedó flamante. Originalmente, tenía en su parte central una fuente de piedra labrada, adornada con cabezas de leones y dotada de agua de los manantiales de Santa Ursula Xitla. La falta de recursos causó que sólo se construyese una de sus tres puertas, la que da frente a La Casona. Por ello, algunos locatarios del lado poniente (Pascual Guevara, Conrado Figueroa, Pedro Flores, Manuela Alquicira y Manuel Villaverde) solicitaron, el 15 de enero de 1901, los otros dos accesos previstos en el plano original para que los consumidores pudiesen afluir hacia esa ala. Recibieron respuesta positiva el 27 de enero de ese año.

Vale la pena recuperar la semblanza del Tlalpan de aquella época. Calles tranquilas, todas ellas empedradas, tal como las había dejado desde cien años antes, en 1794, el Virrey don Juan Vicente de Güemes Pacheco y Padilla, Conde de Revillagigedo. Fincas enormes con altos muros de adobe o piedra volcánica, y abundantísima producción agrícola, sobre todo de frutas de diversa índole. Agua en abundancia, que corría libremente por varias calles. Población indígena que bajaba de los pueblos circundantes, a pie o en sus mulas y jumentos, para vender y comprar en los días de plaza. Los visitantes indígenas ataban sus bestias en los árboles y aros de canteras de las calles cercanas al mercado, sobre todo en las de Victoria, Juárez e Hidalgo. En el mercado o cerca de él, ellos vendían sus cargas de carbón, leña, ocote, alfarería, fruta y pulque. Normalmente silenciosa la zona del mercado por la poca densidad de población tlalpense, la llegada de los indígenas de los alrededores inyectaba a Tlalpan vitalidad y bullicio en las fiestas y días de mercado.

Entre la clientela, sobre todo la dominical, sobresalían las señoritas de sociedad quienes salían, en las soleadas mañanas de los domingos, con sus vistosas, almidonadas y crujientes crinolinas y sus bellísimas blusas, a realizar sus compras en el mercado, siempre acompañadas por sus “muchachas”. Estas llevaban las pesadas canastas mientras las primeras se hacían cargo de negociar, entre risas, pláticas y coqueteos, la compra de las carnes, frutas, verduras, semillas y demás productos necesarios para el consumo diario del hogar. Al término de las compras, las señoritas se apresuraban a llegar a sus casas para recoger su chal o su rebozo, pues apenas les quedaba tiempo para llegar al templo de San Agustín al otro gran evento dominical: la misa de doce.

Marcado la Paz, fachada oriente. Foto: AZT

Marcado la Paz, fachada oriente. Foto: AZT

Pasaron 50 años. Desde su inauguración el mercado careció de mantenimiento adecuado y oportuno. El deterioro fue tal que a principio de la década algunas de la vigas que sostenían el techo cayeron sobre la fuente. Ante ese peligro, el regente de la Ciudad, Lic. Ernesto P. Uruchurtu, vino a Tlalpan en diciembre de 1952, en uno de sus primeros actos de gobierno, a percatarse personalmente de lo anterior. Sus órdenes fueron tajantes. Cierre del mercado al siguiente día de su visita para mantenimiento mayor. Los puestos de madera fueron eliminados y sustituidos por estructuras de cemento y ladrillo. Los comerciantes se instalaron provisionalmente en la calle al poniente del palacio de gobierno y la Plaza de la Constitución, por donde estaba la pulquería El Triunfo. Las reparaciones duraron dos años. En lugar de los travesaños de madera se instalaron viguetas de acero que sostenían láminas de asbesto. Al final de los trabajos, el recinto quedó flamante de nuevo. Pero lamentablemente la antigua y hermosa fuente fue destruida o trasladada a otro sitio para dar lugar a algunos puestos adicionales.

En esta época, Tlalpan continuaba siendo un pueblo tranquilo, pero ya algunas de sus calles, en algunas de las cuales todavía corría el agua libremente, estaban pavimentadas, sobre todo la de Congreso, la calle principal. Por allí circulaban entonces, frente al mercado, los camiones de la tradicional ruta México-Tlalpan, en actividad desde 1917 y los no muy numerosos automóviles particulares de la localidad. Todavía algunas de las señoritas de buena familia acostumbraban ir de compras al mercado con sus muchachas. Los indígenas aún acudían con sus burros y sus mulas a los que ataban en los truenos de Victoria y Juárez, pero iban siendo paulatina e inexorablemente expulsados del centro de la población.

Puesto frutas. Mercado La Paz. Foto: AZT

Puesto frutas. Mercado La Paz. Foto: AZT

En el mercado, los locatarios originales (entre otros, los quejosos Pascual Guevara, Conrado Figueroa, Pedro Flores, Manuela Alquicira y Manuel Villaverde de principios de siglo) habían sido sustituidos. A mediados del siglo, los carniceros eran don Agustín y don Luis Talavera (la “Vacona”), don Juan Martínez era carbonero, don Simón Olmedo Osnaya era vendedor de maíz, don Carlos Rioja vendía barbacoa, los Villanueva, junto con don Aurelio Peña y su mujer, doña Timotea Olivares, comerciaban con frutas y verduras, lo mismo hacían “Los Palomos”, y don Guillermo Martínez Verdiguer vendía ropa.

Después de aquellas obras, el mantenimiento del mercado volvió a quedar en el olvido y, al paso de los años, el descuido a hacerse evidente. En agosto de 1998 el jefe de gobierno del DDF, Ing. Cuauhtémoc Cárdenas y el Dr. Salvador Martínez Della Rocca, delegado de Tlalpan, después de visitar el sitio, decidieron iniciar una nueva remodelación del viejo mercado, dando con ello oído a la petición de locatarios y grupos vecinales. La delegación se abocó, en un primer paso, a reforzar y renovar los techos. Luego emprendió la limpieza del ladrillo exterior que caracteriza a este mercado como único en su tipo en el país.

En la reinauguración, el 20 de noviembre de 1998, hubo una misa oficiada por el padre Carlos López Valdez, párroco de Tlalpan. Posteriormente acudieron el Ing. Cárdenas, y el delegado Martínez Della Rocca a efectuar la inauguración oficial. Después de ambos actos, los locatarios ofrecieron una comida a las autoridades. Como fin de fiesta hubo un baile que duró hasta las once de la noche.



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